LOS DATOS DEL DÍA
miércoles, 16 de mayo de 2018
La parábola de la sal

El viejo maestro pidió a su joven discípulo que estaba muy triste, que se llenase la mano de sal, colocase la sal en un vaso de agua y bebiese.

¿Cómo sabe? le preguntó el maestro, fuerte y desagradable respondió el joven aprendiz.

El maestro sonrió y le pidió que se llenase la mano de sal nuevamente. Después, lo condujo silenciosamente hasta un lindo lago, donde pidió al joven que derramase la sal.

El viejo Sabio le ordenó entonces: bebe un poco de esta agua.
Mientras el agua se escurría por la barbilla del joven, el maestro le preguntó:

¿Cómo sabe? Agradable, contestó el joven. ¿Sientes el sabor a sal? le preguntó el maestro.

No: Le respondió el joven.

El maestro y el discípulo se sentaron y contemplaron el bonito paisaje.

Después de algunos minutos, el Sabio le dijo al joven:


El dolor existe.... Pero ¡el dolor depende de donde lo colocamos!

"Cuando sientas dolor en tu alma, debes aumentar el sentido de todo lo que está a tu alrededor".

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

¿Qué mensaje encierra este cuento?

¿Dónde colocas tú tu dolor?

ORACIÓN

Ven, Espíritu Santo, penetra en las profundidades de mi alma con tu amor y tu poder.

Arranca las raíces más profundas y ocultas del dolor y del pecado que están enterradas en mí.

 Lávalas en el nombre de Jesús y aleja para siempre toda la ansiedad que traigo dentro de mí, toda amargura, angustia, sufrimiento interior, toda infelicidad, tristeza, ira y desesperación, todo deseo de envidia, odio y venganza, todo sentimiento de culpa,  toda opresión en mi alma,  en mi cuerpo y en todo mi ser.

¡Oh bendito Espíritu Santo!
elimina toda tiniebla instalada dentro de mí, todo lo que me consume e impide ser feliz, todo lo que es obstáculo para mi progreso.
Perdona y limpia en mí persona todas las consecuencias de mis faltas y pecados, y de los pecados de mis antepasados que se manifiestan en mis actitudes, decisiones, temperamento, palabras y dependencias.

¡Ven, Santo Espíritu!
¡Ven en nombre de Jesús!
Lávame en el nombre de Jesús, purifica todo mi ser, quiebra toda la dureza de mi corazón, destruye todas las barreras de resentimiento, dolor, rencor, egoísmo, maldad, orgullo y soberbia, rompe toda falta de tolerancia, prejuicios e incredulidad que hay en mí.

Y, por el poder de Jesucristo resucitado,
¡Libérame, Señor!
¡Sáname, Señor!
¡Ten piedad de mí, Señor!
¡Ven, Espíritu Santo!
Hazme resucitar ahora a una nueva vida, plena de tu amor, alegría, paz y plenitud.
Se que estás haciendo esto en mí, ahora y asumo por la fe mi liberación, cura y salvación en Jesucristo, mi Salvador.

ANIMADOR DE LA ORACIÓN TODOS
SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE RUEGA POR NOSOTROS
¡VIVA JESÚS EN NUESTROS CORAZONES! ¡POR SIEMPRE!