LOS DATOS DEL DÍA
jueves, 11 de octubre de 2018
TOMAD EL CORAZÓN DE MI NIÑO

Murió cuando iba a comprar una corbata. Un tiro en la cabeza y otro en la pelvis acabaron con sus sueños. Después, su diminuto cuerpo ayudó a dar vida a otros: hasta seis personas judías. Él era palestino. Sólo un niño.

Con motivo de la fiesta de Aid al Fitr, el equivalente musulmán a la Navidad cristiana, que se celebra después de finalizar el Ramadán, Ahmed Jatib, de 12 años, recibió como regalo de su padre un traje incompleto. Le faltaba la corbata. Tanto insistió que su padre, Ismael, le dio un poco de dinero para que pudiese comprar una.

Ahmed salió de su casa en el castigado campo de refugiados de Yenín y cuando se encontraba a pocos metros de la tienda, soldados israelíes que patrullaban el área para capturar a un miliciano palestino le dispararon.

De jueves a sábado, Ahmed se debatió entre la vida y la muerte. Y al tercer día murió. Eran fechas de fiesta entre los musulmanes, en la que las familias rezan, visitan a sus allegados, organizan comidas y muestran su generosidad con regalos a sus seres más queridos, en un ambiente propicio para las buenas acciones.

“Tenía seis hijos. Hoy tengo cinco más los otros cinco que mi hijo salvó”, dice Ismael, el padre de Ahmed. Porque sobreponiéndose a la inmensa tragedia de su pérdida, los padres del pequeño tomaron una decisión que ha conmocionado a israelíes y palestinos. Sí, donaron los órganos de su hijo a un hospital de Israel, el Schneider, situado en la ciudad de Petaj Tikwa, próxima a Tel Aviv.

La decisión, explica Ismael, “vino del dolor que tenía dentro. Quería que fuese una carta de paz, un ejemplo para el pueblo israelí y sobre todo, para que los niños que han recibido sus órganos actúen a favor de la paz”.

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

·               ¿Qué te parece este hecho?

·               ¿Crees que necesitamos “el perdón” para ser mejores personas?

ORACIÓN

Señor Jesús, el primero que nos enseñó y nos dio lecciones del arte del perdón, fuiste Tú.

Gracias Señor, porque necesitamos hacernos pequeños, necesitamos sentir la necesidad de decir, “me equivoqué”, necesitamos ser humildes y sentir la gracia del perdón del prójimo, del que está al lado, del que nos quiere y del que no nos quiere tanto.

Que seamos personas reconciliadoras, que sepamos perdonar y pedir perdón.

Gracias Señor.

ANIMADOR DE LA ORACIÓN TODOS
SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE RUEGA POR NOSOTROS
¡VIVA JESÚS EN NUESTROS CORAZONES! ¡POR SIEMPRE!