LOS DATOS DEL DÍA
lunes, 11 de febrero de 2019
REFLEXIONES ALTERNATIVAS PARA ESTE DÍA:
Cuestión de Actitud
VALOR: EGOISMO – COMPARTIR - 1
INTRODUCCIÓN PARA EL EDUCADOR

Durante este tiempo litúrgico queremos que los niños sean conscientes de un proceso de cambio. Que reconozcan la Cuaresma como un camino que los cristianos hacemos para cambiar aquello, de nosotros mismos, que hace que el mundo no sea lo que Dios soñó.

El primer día de cuaresma presentaremos a los niños el dibujo de un mundo que podemos hacer en papel continuo. En el mundo, iremos pegando los antivalores que aparecerán cada semana, para que los niños puedan ver que hay cosas que hacen que nuestro mundo no sea tan bonito. El viernes, presentaremos el valor y lo pegaremos al lado del antivalor, para que vean que es la solución a los problemas del mundo.

 

Don Amargo y sus ciruelas (1a parte)

Don Manuel tenía un campo grande donde había plantado un montón de árboles, la mayoría de ellos, frutales. Eran árboles hermosos, grandes y llenos de las más ricas frutas. En este campo había ciruelos, naranjos, limoneros, árboles de mandarinas, de higos y hasta nogales que son los árboles que nos dan las nueces. Todos los arbolitos frutales eran amigos entre sí, y se entretenían en largas charlas. Cada uno sabía para qué había sido plantado y que, con la fruta que nacía de ellos, mucha gente se alimentaba y sólo eso les bastaba para vivir felices. Es cierto que cuando venía Don Manuel a sacar la fruta, les tironeaba un poquito y eso les dolía, pero a la mayoría no les importaba. Es más, muchos esperaban el momento de la cosecha para sentir esas cosquillitas que su dueño les hacía y reírse un poco. Sin embargo, no todos los árboles eran iguales. Había un ciruelo al que todos llamaban Don Amargo y no porque sus ciruelas fueran amargas, sino porque él era distinto al resto. El ciruelo era realmente hermoso y sus grandes y brillosas ciruelas llamaban la atención de todo el pueblo. A Don amargo le molestaba mucho que le sacaran sus frutos. Decía que no era justo, que eran de él y que no tenían por qué sacarle nada.

- Nosotros estamos para alimentar a la gente. Le decía el arbolito de mandarinas, sino ¿para qué servimos?

- Servimos para hacer el campo más hermoso, para que nos miren, para que aprovechen nuestra sombra, pero eso no significa que nos tengan que sacar lo que es nuestro.

- ¡Ay qué comentario tan ácido y eso que no es un árbol de cítricos! Dijo Meterete, que no era un frutal, sino un pajarito que se la pasaba sobrevolando los árboles, alimentándose de sus frutas y sobre todo metiéndose en las conversaciones ajenas.

- ¡Tú. hablas así porque también te aprovechas de nosotros, pajarraco!, contestó Don Amargo, más amargo que nunca.

- Yo antes que comer una ciruela tuya, me meto dentro de un maizal, mira lo que te digo.

Nadie podía hacerle entender al ciruelo que lo bueno de tener algo, es que se comparta con los demás, que de nada vale tener lo que sea si lo guardamos sólo para nosotros.

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

¿Es mejor parecerse al ciruelo o a los demás personajes del cuento? ¿Por qué? ¿Nos cuesta compartir nuestras cosas con los amigos?
¿Nos gusta que compartan con nosotros?

ORACIÓN

Tengo muchas cosas que son mías, si me las piden me cuesta dejarlas. Jesús, enséñame a compartir todo lo que tengo con mis compañeros, enséñame a quererles y a dejarles mis cosas.

ANIMADOR DE LA ORACIÓN TODOS
SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE RUEGA POR NOSOTROS
¡VIVA JESÚS EN NUESTROS CORAZONES! ¡POR SIEMPRE!