LOS DATOS DEL DÍA
miércoles, 6 de noviembre de 2019
EL ELEFANTE FURIOSO

Hace mucho tiempo, había un rey en la India que tenía un elefante que se volvió loco. El animal iba de aldea en aldea destruyendo cuanto encontraba a su paso, y nadie se atrevía a hacerle frente, porque pertenecía al rey.

Sucedió un día que un supuesto asceta se disponía a abandonar una aldea, a pesar de que todos sus habitantes le suplicaban que no lo hiciera, porque el elefante había sido visto en el camino y atacaba a todos los que pasaban por él.

El hombre se alegró de la ocasión que se le ofrecía para demostrar su superior sabiduría, porque su maestro espiritual acababa de enseñarle a ver a Dios en todas las cosas.

‐ ¡Oh, pobres e ignorantes locos!, les dijo. ¡No tenéis ni idea de las cosas espirituales! ¿Nunca os han dicho que debemos ver a Dios en todas las personas y en todas las cosas, y que todos los que lo hacen gozarán de la protección de Dios? ¡Dejadme ir! ¡Yo no tengo miedo al elefante!

La gente pensó que aquel hombre no tenía mucha más idea de lo espiritual que el elefante loco. Pero, como sabían que era inútil discutir con un santón, le dejaron ir. Y apenas había recorrido unos metros del camino, cuando se presentó el elefante y arremetió contra él, lo alzó del suelo por medio de su trompa y lo lanzó contra un árbol... Afortunadamente para él aparecieron en aquel momento los soldados del rey, que capturaron al elefante antes de que pudiera acabar con el iluso asceta.

Pasaron unos cuantos meses hasta que el hombre se encontró en condiciones de reanudar sus andanzas. Entonces se fue a ver a su maestro y le dijo:

- ¡Lo que me enseñaste es falso, me dijiste que viera en todas las cosas la presencia de Dios! Pues eso hice... ¡Y mira lo que me ocurrió!

- ¡Qué estúpido eres! ¿Por qué no viste a Dios en los habitantes de la aldea que te avisaron contra el elefante?

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

¿Sabrías explicar con tus palabras la moraleja del cuento?

¿No es cierto que, a veces nos gusta más mirar a lo “alto”,  contar con nuestras seguridades, nuestras certezas y olvidarnos de los que tenemos al lado?

Es importante mirar a lo “alto”... Pero no olvides que Dios se encarna en tus propios compañeros. ¡No seas cegato!

ORACIÓN

Pon tu palabra en medio de mi vida. Pon mi vida en tu mano, pon tu mano en la voz que ahora digo.

Pon el sol en mis ojos, pon tus ojos aquí, en estas preguntas; tus caminos trázalos en los míos.

Quiero irme en tu marcha, quiero darles tu música a mis pasos.

Estos hombres que veo, que me miran, a los que yo les hablo, que preguntan al pasar por tus señas, son, seguro, el destino marcado de mi vida, mi mano, mi palabra.

Ponme de par en par porque te encuentren.

ANIMADOR DE LA ORACIÓN TODOS
SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE RUEGA POR NOSOTROS
¡VIVA JESÚS EN NUESTROS CORAZONES! ¡POR SIEMPRE!