LOS DATOS DEL DÍA
miércoles, 15 de enero de 2020
CUANDO SE PIERDE TODO

 

El único superviviente de un naufragio llegó a la playa de una isla deshabitada y perdida en el océano. Durante meses, rezaba fervientemente a Dios pidiendo ser rescatado. Cada día, escudriñaba el horizonte suspirando vislumbrar un barco que pasara por aquel lugar tan apartado de las rutas habituales, pero pasaba el tiempo y parecía que jamás llegaría nadie.

Cansado, finalmente optó por construir una cabaña de madera con la que protegerse de los rigores del invierno y resguardar sus modestas pertenencias. Le costó muchas semanas de trabajo agotador. Un día, a media tarde, después de hacer una ronda por la isla en busca de alimento, encontró a su vuelta la cabaña envuelta en llamas, con el humo ascendiendo hasta el cielo. El rescoldo, que durante tanto tiempo había procurado conservar de modo permanente, había desprendido una chispa y su casa se había incendiado. Lo peor había ocurrido. Lo había perdido todo. Se quedó lleno de tristeza y de rabia. “¡Dios, cómo pudiste hacerme esto a mí! ¿No era suficiente con lo que tenía?”, se lamentó. Quedó dormido, tendido en la playa. A las pocas horas, le despertó el sonido de un barco que se acercaba a la isla. Habían venido a rescatarlo. “¿Como supieron que estaba aquí?”, preguntó el hombre a sus salvadores. “Vimos su señal de humo y acudimos enseguida”, contestaron ellos.

A veces, en nuestra vida, hemos puesto mucho empeño en conseguir algunos logros, bastante modestos; y un buen día nos encontramos con que los hemos perdido, o estamos a punto de perderlos; y nos parece algo realmente duro. Sin embargo, cuando se trata de perderlo todo por entregarlo a Dios, nos sucede como a aquel náufrago, que precisamente al perder todas sus miserables posesiones se encontró con algo mucho más grande.

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

Tú, ¿crees en las sorpresas o lo tienes todo calculado?

¿Alguna vez has perdido algo que te haya traído una recompensa mayor?

¿Quieres compartirlo con tus compañeros?

ORACIÓN

Amigo Jesús, en este día que comenzamos, en este nuevo año... queremos hacer nuevos propósitos, plantearnos nuevos retos, cumplir nuevas expectativas.

Danos fuerza para hacer previsiones, para poner medios concretos que nos ayuden a conseguirlo.

Te damos gracias por esta nueva oportunidad. No dejemos las cosas a la improvisación.

Gracias Jesús.

ANIMADOR DE LA ORACIÓN TODOS
SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE RUEGA POR NOSOTROS
¡VIVA JESÚS EN NUESTROS CORAZONES! ¡POR SIEMPRE!