LOS DATOS DEL DÍA
martes, 3 de diciembre de 2019
LA GRANDEZA DE LA CONFIANZA

Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación le informaron que el tren en el que ella viajaba se retrasaría aproximadamente una hora.

La elegante señora, un poco fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo. Buscó un banco en el andén central y se sentó preparada para la espera.

Mientras ojeaba su revista un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un periódico. Imprevistamente la señora observó cómo aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.

La mujer se molestó muchísimo. No quería ser grosera pero tampoco dejar pasar aquella situación o hacer como si nada estuviera pasando. Así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete, sacó una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió mirándole fijamente a los ojos. Como respuesta el joven tomó otra galleta y, mirando a la señora, se la comió sonriendo. Esta, ya enojada, tomó una nueva galleta y, con ostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho. El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta.

La señora cada vez más irritada y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente la señora se dio cuenta de que en el paquete sólo quedaba una última galleta. “No podrá ser tan descarado”, pensó mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas. Con calma el joven alargó la mano, tomó la última galleta y, con mucha suavidad, la partió exactamente por la mitad. Así, con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco.

“Gracias”, dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad. “De nada”, contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad. En ese preciso instante el tren anunció su salida.

La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía sentado en el andén y pensó: “¡Que insolencia la de ese joven! ¿Es que ahora ya no educan en el respeto a las cosas ajenas?”.

Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado. Abrió su bolso para sacar la botella de agua que previamente había comprado y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletas INTACTO.

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

¿Qué opinamos de ello?

ORACIÓN

Señor Jesús:

¡¡Cuántas veces nuestros juicios y decisiones apresuradas nos hacen valorar erróneamente a las personas y cometer las peores equivocaciones!!

¡¡Cuántas veces la desconfianza ya instalada en nosotros hace que juzguemos injustamente a personas y situaciones; y sin tener un por qué, las encasillamos con ideas preconcebidas que poco o nada tienen que ver con la realidad!!

Que de verdad valoremos a las personas por lo que son y que evitemos juzgar por medio de prejuicios. Que cuando tengamos algo que decir por cualquier razón a cualquier persona, no lo pensemos dos veces, y lo aclaremos. Gracias Jesús, porque queremos crecer juntos.

ANIMADOR DE LA ORACIÓN TODOS
SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE RUEGA POR NOSOTROS
¡VIVA JESÚS EN NUESTROS CORAZONES! ¡POR SIEMPRE!